Lo gratuito y la pérdida de libertad

En los últimos años se ha consolidado, por la amplia adopción de la informática doméstica y el intercambio de información en red, un extraño modelo de consumo en el que un gran número de usuarios dan por supuesto que pueden obtener cualquier cosa de forma gratuita con absoluto respeto a su intimidad y sin ningún tipo de intromisión en su vida. Cierto es que, de este gran número de consumidores, a pocos les dieron nociones básicas de comunicación y uso de la información en la escuela (¿veis porqué el sistema educativo es un enorme desastre?), pocos se toman la molestia de comprobar quien publica un mensaje, averiguar si la información que están leyendo es actual u obsoleta, contrastar con otras fuentes los puntos de vista,… así que mucho menos van a investigar concienzudamente qué hay detrás de un producto que se les ofrece gratuitamente y al cual ya están abonados un alto porcentaje de sus “amigos”.

Haciendo caso del sabio refranero popular español, nadie da duros a cuatro pesetas (¿actualizado al euro sería algo así como nadie da euros a noventa céntimos?), pensemos por un momento en qué puede consistir el negocio de las empresas que ponen a nuestra disposición servicios gratuitos como el correo electrónico, los espacios de interacción social o los espacios para compartir ficheros. La infraestructura de cualquier sitio web, en su forma más simple, requiere:

  • Al menos un dominio registrado: la cuota de registro debe renovarse anualmente para cada dominio (cuando se espera un gran éxito, las empresas suelen registrar el nombre principal y todas las variaciones que se les ocurre en aquel momento, así que el número de dominios para un mismo sitio puede ser muy grande, así como el coste de mantenimiento de éstos año tras año).
  • Un espacio de almacenamiento con conexión a la red de capacidad suficiente para el tráfico que se espera, o hosting dicho en lenguaje común de la red. Estos servicios se pagan por espacio de almacenamiento y por la cantidad de datos que se mueven, así que un sitio que tenga mucho éxito y visitas necesita una inversión en ancho de banda mucho mayor que un sitio que apenas reciba unas visitas al mes.
  • Un equipo de personas que creen y mantengan el programa que permite el objetivo del sitio (correo por web, búsquedas de información, almacenamiento de ficheros, etc…). Contra una errónea concepción popular, los integrantes de este equipo no son sólo informáticos (que suelen estar en minoría) sino ingenieros de distintas especialidades, diseñadores (también de distintas especialidades, no sólo gráficos), gentes de marketing, administrativos… ah, claro, estas personas generalmente necesitan un lugar de trabajo,  así que a la cantidad que hay que pagar mensualmente en sueldos, cuotas a la seguridad social y otros, hay que añadir los costes del local donde se desarrolla la actividad, los consumos, etc…

Es un análisis muy somero, pero sirve para empezar a entender que los productos que habitualmente consumimos de redes sociales y otros de utilidades en la red no son gratuitos para la empresa que los pone en marcha, así que algo tendrá pensado para amortizar esos costes y además obtener beneficios (el altruismo y el mecenazgo es poco frecuente en el ambiente empresarial).

Para obtener el capital necesario para cubrir los gastos y obtener beneficio, las empresas que nos ofrecen gratuitamente esos productos en la red suelen utilizar dos modalidades:

  • Ofrecer una versión reducida del producto de forma gratuita en espera de que el consumidor pague por una versión más completa (generalmente denominada profesional)
  • Recopilar datos de comportamiento del consumidor (y de su red de “amigos”) para la utilización en campañas de marketing dirigidas. Ojo, no pensemos que esto se limita a la red, la proliferación de las tarjetas de fidelización (¡qué nombre más feo, Dios!) de las tiendas y grandes cadenas tiene como finalidad el estudio del comportamiento de los consumidores (y pagar con tarjeta de crédito también es un buen método para que pueda seguirse y estudiarse nuestro comportamiento).

Así que no nos extrañemos que por utilizar un producto o servicio gratuito nos acribillen a publicidad, decidan por nosotros qué opciones nos permiten utilizar en cada momento (generalmente al principio del negocio todo son facilidades y maravillas, pero con el tiempo vamos sufriendo recortes de servicio… obvio), y además nos veamos impelidos a utilizar el servicio porque es el que es compatible con el que utilizan mis amigos.

La gratuidad de todos esos servicios en realidad coarta nuestras libertades y nos expone a la vorágine de los mercados, el verdadero peligro de las redes sociales no es que sepamos que fulanito o menganito han faltado al trabajo porque estaban de fiesta (que por otro lado, ya les vale), sino que la información de quienes son las personas con las que me relaciono, qué cosas me gustan, qué actividades realizo, dónde estoy y un largo etcétera de información que a diario se suministra voluntariamente a la red, estén al alcance de potentes programas de análisis de datos para poder ofrecer al mercado un producto determinado que, lamentablemente, no estará diseñado para satisfacer las necesidades que puedan apreciarse en los datos. Los datos se utilizan para saber cómo vendérmelo, no para ofrecerme realmente un producto necesario; para que haya más gente que visite los mismos sitios que yo, no para procurarme un ambiente confortable con un aforo controlado.

Hemos vendido nuestra libertad a cambio de la ilusión de disponer gratuitamente de servicios y productos que, además, ni siquiera necesitábamos. 1984 adopta una forma aún más retorcida y perversa que la ideada por George Orwell en la novela mientras nosotros nos limitamos a ir perdiendo la consciencia y dejarnos guiar cual dócil manada.

Nota: Es un tópico frecuente pensar que en la red los que campan a su antojo son jovenzuelos imberbes, despreciando la posibilidad de que adultos y jubilados puedan hacer uso de este recurso. Esta falsa concepción lleva a pensar que muchos de los disparates que se atribuyen a actuaciones poco reflexivas en la red son propias de la edad del usuario, pero en muchos casos es simple consecuencia de la falta de conocimiento, independientemente de la edad (quizás sumado a que un gran número de jubilados conocen y utilizan estos recursos teniendo como profesores a sus imberbes nietos).

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3 respuestas a Lo gratuito y la pérdida de libertad

  1. Pingback: Lo gratuito y la pérdida de valor | inconsciencia consciente

  2. laotraperspectiva dijo:

    Grub, 😦 , bueno tenemos puntos de vista diferentes, desde los tiempos de FidoNet en los que aquellos que en los principios de los 80 disponíamos de recursos para era de los que tenia una máquina conectada 24/7 a un modem y una linea dedicada como nodo de la red, y todo por la “cara”, creábamos las primeras comunidades virtuales, con la llegada de Compuserve nos juntábamos en el “Foro Español” donde intercambiábamos nuestros conocimientos, organizabamos comilonas, compartíamos alojamientos y hasta se creaban comunidades de negocios. Uno de sus sysop fundo Servicom, con lo que fueron negocios productivos (no era yo), siempre me he movido por organizaciones donde el ámbito de lo libre, no confundamos con gratuito, ha figurado en primer lugar.
    Mi entrada en las redes sociales, es evidente con seudónimo, pues estoy muy, pero que muy conciencia con el tema de la privacidad, soy un defensor “activo” de los ciberderechos (algo en desuso en este simulacro de pais) y he participado en múltiples asociaciones y ademas en plataformas de desarrollo de software libre, aparte del trabajo remunerado.
    Es otra filosofía, otro modo de entender el desarrollo de la tecnología. He desarrollado no solo soft bajo GNU, ademas he dado conferencias y escrito papers para la comunidad.
    ¿Otra filosofía? Puede ser, esta claro que yo no nací para hacerme rico, ni tampoco me gustaría serlo.

    • No tenemos puntos de vista diferentes, pero está claro que no me supe explicar (aquí no se refleja el debate que en su día surgió en facebook a raíz de la entrada). Yo estoy a favor de que podamos compartir y que haya proyectos que se hacen por convencimiento y no por motivos económicos. Lo que quería dejar claro es que tú, yo, y algunos más, podemos creer en eso, pero Google, Facebook y muchos otros no. Ese es el tema, que la gente que va por ahí poniendo alegremente en Four Square que ahora está aquí o allá se empiece a dar cuenta que sin duda hay alguien que está haciendo algo con sus datos.

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