Discriminación ¿positiva?

Ahora está de moda ser tolerante, ponerse del lado de los supuestamente desfavorecidos, y aplicar un filtro arbitrario a situaciones en las que se asume la presunción de inocencia de un colectivo sólo por el simple hecho de ser un colectivo discriminado positivamente, lo que quiere decir que, haga lo que haga, se les supone gentes de bien que actúan con buenas intenciones y que son víctimas de algún tipo de discriminación, mal trato, o injusticia.

En esta categoría entran, por ejemplo las mujeres, incluso aquellas que denuncian arbitrariamente a sus parejas de malos tratos o abusos a los hijos para deshacerse de ésta y poder quedarse tranquilamente con los hijos sin que haya habido por parte del acusado el más mínimo maltrato hacia ella o su prole. No digo que no haya que ponerse del lado de las que realmente sufren malos tratos o de las proles que sufren abusos por parte de sus progenitores, pero como siempre, los extremos son malos y llevan a abusos. Conozco ya demasiados casos de hombres injustamente acusados que se han visto apartados de sus hijos por la supuesta justicia española como para estar de acuerdo con la discriminación positiva en estos casos puesto que tal discriminación no ha resultado para nada positiva, sobre todo para los menores a los que se pretendía proteger.

Otro de lo colectivos a los que ahora protegemos a ultranza para no caer en el calificativo de racistas, xenófobos o similares, es el de los inmigrantes. Cualquier inmigrante (sobre todo si es ilegal), tiene a priori el estatus de persona de bien a proteger, así sea un indeseable, delincuente o asesino. Y es que hemos llegado a un punto en el que no somos capaces de distinguir que si uno tiene la tendencia a la delincuencia, a aprovecharse del prójimo o a seguir con las propias normas independientemente del lugar donde resida, va a seguir actuando igual sea en el país que sea.

La actualidad está en los gitanos rumanos de Francia (y de Badalona), y la polémica decisión de Sarkozy de expulsarlos de su país. Pero la mayoría de las opiniones que escucho al respecto no hacen mención de si el gobierno francés hará o no un estudio de cada caso individual (el delincuente, en todo caso, será un individuo, no el colectivo) sino que suponen que es una expulsión del colectivo sin distinción. No creo que podamos objetar que un delincuente, sea de la procedencia que sea, es un individuo poco deseado en una sociedad. No creo que podamos objetar que, pudiendo poner remedio a la presencia de dicho delincuente en un lugar, el gobierno haga todo lo posible por remediarlo recurriendo a las leyes internacionales para ello dispuestas. En ese sentido, la expulsión de individuos delincuentes extranjeros de un país cuando puede demostrarse su culpabilidad no sólo no me parece mal, sino que incluso la secundo. Otra cosa sería juzgar a todo el colectivo por el mismo rasero, opción que ni secundo ni apoyo.

Pero me temo que estamos en un contexto social que tiene tan asumidas las discriminaciones positivas y el buen rollito forzado que lejos de considerar la opción de que el ser humano puede ser intrínsecamente malvado cree que es intrínsecamente bueno, poniéndose por tanto de parte del individuo delincuente para censurar sin ambages la expulsión de éste de un país que le acoge y le ofrece lo que tiene (incluso con ventajas sobre los individuos nativos del propio país) y que, sin embargo, éste rechaza y opta por un camino que no se ajusta a las reglas establecidas.

Respecto a la actual polémica sólo puedo decir que carezco de elementos de juicio suficientes como para poder emitir una posición clara. No soy de las que estén a favor de discriminar a un colectivo por el simple hecho de ser diferentes a lo que se ha establecido por normalidad, pero tampoco estoy a favor de que quien acojo en mi casa me pisotee, me escupa en la cara y encima quede protegido por políticas de discriminación positiva.

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7 respuestas a Discriminación ¿positiva?

  1. Karola dijo:

    Yo sí se una cosa que tengo clara, y es que por el hecho de ser inmigrantes, parece que yo pierdo mi oportunidad a un derecho en favor de ellos.
    Por poner un ejemplo, yo trabajo, mi marido trabaja, y mi hija va a un colegio privado-concertado pagando una cuota mensual y el comedor. Como es un colegio concertado no puedo optar a según qué becas ni siquiera de comedor, porque como “cobramos tantísimo”, no nos toca. Bueno, tenga esto un pase. Las ayudas para quien realmente las necesite.
    El problema viene con el ejemplo siguiente. Madre inmigrante que trabaja, padre inmigrante que trabaja, el hijo opta a una de las plazas que el colegio privado tiene obligación por ley a reservar a “colectivos en riesgo de exclusión social”. Por supuesto, acceder a esa plaza es gratis, y así durante todos los meses.
    ¡Si todavía se reservaran esas plazas (cosa que ya no veo bien) en colegios públicos, tiene un pase! Pero en un colegio concertado sin pagar ni un euro no!!!

    Estos son solo dos ejemplos…. seguro que muchos que lean tu entrada, y este comentario, se les ocurre muchos mas.
    No sé si esto es ser racista, pero lo que tengo claro que a todos, debemos tener los mismos deberes y derechos, y que las ayudas y demás oportunidades se repartan equivativamente entre los que lo necesitan de verdad.

    • En el tema escolar tendríamos un choque inevitable 😉

      De entrada no me parece demasiado buena la educación en este país (ni en la mayoría de los otros, dicho sea de paso), pero lo que está claro es que para acceder a según que educación no hay más remedio que pagar.

      Sea dado el poder de elegir a todos por igual (inmigrantes incluidos, así como aprovechados en general oriundos de nuestro país, que haberlos haylos), no me parece que sea de recibo que ciertos centros tengan un coste y otros no, y tampoco me parece de recibo que el coste sea un valor absoluto (un número de euros igual para todos) en lugar de un valor relativo en función a lo que cada familia ingresa (un número de euros variable y ajustado a un porcentaje del patrimonio familiar).

      Me temo que en el tema escolar soy mucho más socialista que capitalista, aunque lo que mejor me definiría sería en desencantada y descreída por haber constatado el desastre de la enseñanza pública y concertada.

  2. Esther dijo:

    Has tocado un tema que también me hace hervir la sangre.
    Estoy lejísimos de la discriminación de cualquier tipo ni de racismo (al menos eso creo), pero me pone enferma que se confunda todo con tantísima facilidad.
    Creo que es más fácil que lo que nos quieren vender:
    “Igualdad de derechos y de obligaciones”
    No creo en las diferencias de sexo, ni en las fronteras, sólo en el respeto por el prójimo y por uno mismo.
    Medir a todos por el mismo rasero no creo que sea discriminatorio.

  3. David Rogonza (elnomo) dijo:

    La manera más rápida de contribuir al sexismo y al racismo, es precisamente, lo que estamos haciendo.

    Palabra de racista y sexista convencido.
    Es lo que tiene ser producto de la LOGSE, haberme criado entre inmigrantes, ser hijo de separados y tenerme que dejar pegar por moros y mujeres.
    Pertenezco a esa raza indeseable de malvados hombres blancos occidentales, no merezco los mismos derechos que los demás.

  4. JulioR2 dijo:

    És un tema de difícil resolució, i s’ha de veure cas per cas per no caure en els excesos i els abusos (tant per excés com per defecte).
    Del tema de l’exclusió social, que conec una mica per qüestions professionals, millor no en parlo, perquè donaria per a hores i hores, i tampoc es tracta d’això. Només dir que, en la meva opinió, hi ha molta demagògia. I ho deixo ahí.

    Pel que fa al tema educatiu… bé, en tot cas l’ensenyament no és gratuït sigui a la pública o a la concertada. Que porti el meu fill a una escola pública no vol dir que sigui gratis, perquè es financia amb diners públics. Aquest és un canvi de “xip” que hem de començar a fer, perquè si no, anem malament. Estic una mica tip de sentir-ho a les notícies “educació pública i gratuïta”. Pública sí, gratuïta no, que les escoles i els sous dels profes es paguen amb diners.

    I això va en consonància, crec jo, amb la confusió generalitzada de la nostra societat: que hem perdut el rumb, i tot s’hi val (jo no estic d’acord!). Però no volem pendre partir perquè és políticament incorrecte pensar que una prohibició és saludable (les normes en un joc, per exemple, no deixen de ser prohibicions, i si no hi són, el joc net és impossible).

    En tot cas, hi ha molta feina a fer, en aquest tema i en d’altres.

    • Efectivament, és un tema complicat, però la base de tot és que crec que amb la discriminació positiva em canviat el problema de lloc en comptes de resoldre’l.

      I sí, la educació hauria de valorar-se més, començant per pujar la qualitat d’allò que s’ensenya, de les ensenyats de primària (hi ha masses mares que fan magisteri només per poder tenir un horari còmode), i dels pares que no son capaços d’entendre que l’autoritat del mestre no es pot posar en dubte davant l’infant… però lamentablement res de tot això sembla prioritari tot i que a la etapa escolar és on comencen a forjar-se les personalitats.

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