El miedo y lo bello

Me gusta hacer de cicerone por Barcelona, pero siempre que muestro rincones urbanos tengo la sensación de no enseñar nada bello ni bonito, quizás memorable por la historia vivida en el rincón, quizás impresionante por la obra humana realizada, quizás espectacular por los materiales utilizados… pero casi nunca bello. La sensación se agudiza cuando llegamos cerca del mar que, en Barcelona, ya no es un lugar natural sino un conjunto de playas artificiales, edificios demasiado altos y excesiva explotación turística. La playa, la orilla del mar en Barcelona, ya no es (para mi) un lugar bello de descanso.

Y no puedo menos que sorprenderme cuando ante la visión de edificios como el del hotel W, las torres Mapfre, la infinita llanura de cemento del Fòrum o las chimeneas de Sant Adrià hay quien se maravilla de pura belleza.

Me enfrento a esa sensación frecuentemente, ante motivos que nos son muy familiares, con los que estamos habituados a convivir y con los que, presumiblemente, habremos formado ya unos lazos emocionales que nos impiden ser objetivos al contemplarlos para darnos cuenta que, aquello que estamos admirando no es realmente su belleza sino otra cosa.

Intentando entender cómo se produce esta influencia en nuestra percepción de la belleza, encuentro una lista de prejuicios cognitivos (distorsión creada por nuestra mente que afecta al modo en que percibimos lo que nos rodea) donde me asombro aún más de la gran cantidad de prejuicios que muy probablemente todos compartimos (en mayor o menor grado pero que tire la primera piedra el que esté libre de culpa) y que no son más que fruto de nuestros miedos: miedo a lo desconocido, miedo a no ser reconocidos, miedo a la soledad,…

Siento que está bien saber encontrar belleza aún cuando el entorno no lo sea, en gestos hermosos de las personas que se encuentran allí, en casualidades atmosféricas que nos regalan con una bella visión a pesar del paisaje urbano, pero si hay algo a lo que le temo es que nos sea tan familiar la fealdad urbana que acabemos por destruir la belleza natural.

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5 respuestas a El miedo y lo bello

  1. Esther dijo:

    Anda, no seas pesimista. Mira qué bien encontrada está la belleza con ese vigilante, que seguro quita el hipo, jejeje
    Debemos cuidar lo poco que nos queda como si fueran reliquias de santo.

    • Si no soy pesimista 😉
      Solo que me quedo perpleja ante la idea que alguien encuentre bello el hotelito de marras, o las chimeneas esas… para bonito un cielo estrellado (y que se pueda ver sin contaminación lumínica), un paraje natural…

  2. David Rogonza (elnomo) dijo:

    Me encanta el Montseny, las playas vírgenes, los bosques… Pero el Forum también tiene algo que me atrae, o los paisajes industriales me gustan.
    La belleza esta en los ojos con los que se mira y no hay más.
    ¿Que es bello?
    Pues para mi, lo que a mi me guste.
    No creo que seamos tan imbéciles como para cargarnos toda la belleza natural que nos rodea.

  3. Rokkor dijo:

    Tienes toda la razón, fíjate en los campos de golf…

  4. 1cruzdelsur dijo:

    Si pudiera vivir nuevamente mi vida.
    En la próxima trataría de cometer más errores.
    No intentaría ser tan perfecto, me relajaría más.
    Sería más tonto de lo que he sido, de hecho
    tomaría muy pocas cosas con seriedad.
    Sería menos higiénico.
    Correría más riesgos, haría más viajes, contemplaría
    más atardeceres, subiría más montañas, nadaría más ríos.
    Iría a más lugares adonde nunca he ido, comería
    más helados y menos habas, tendría más problemas
    reales y menos imaginarios.
    Yo fui una de esas personas que vivió sensata y prolíficamente
    cada minuto de su vida; claro que tuve momentos de alegría.
    Pero si pudiera volver atrás trataría de tener
    solamente buenos momentos.
    Por si no lo saben, de eso está hecha la vida, sólo de momentos;
    no te pierdas el ahora……………………
    Jorge Luis Borges, una parte…
    Victoria, esto es un poco de lo que no hacemos…, nos vamos olvidando de las cosas simples y con más tecnología y consumo, poco a poco las ciudades van creciendo y devorando espacios, playas, lugares tranquilos, bellos…, es un circulo vicioso que no termina nunca…, quizás un día…, sea tarde.
    Muy buena tu reflexión.
    Saludos
    C del S

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