Con la gente que me gusta

Una hermosa canción del grupo A dos velas, empieza diciendo:

Con la gente que me gusta
me dan las claras del alba
compartiendo madrugadas,
palabras, risas y lunas.

Con la gente que me gusta – A dos velas

Últimamente a mi me están dando muchas claras del alba con gente que me gusta, aunque suele ser porque madrugamos para ir a buscarlas y poder disfrutar de los amaneceres. También están siendo frecuentes los momentos en que compartimos risas y lunas, o mejor dicho risas y nubes que no nos dejan ver la luna a pesar de habernos trasladado unos cuantos kilómetros en un intento de fotografiar un entorno particular con la luna.

La fotografía había sido para mi un pasatiempo solitario, una actividad que no realizaba con otras personas que tuvieran el mismo pasatiempo o interés sino en solitario o con personas ajenas al mundo de la fotografía. Desde hace algún tiempo he ido conociendo cada vez más gente que también tiene esa afición, hemos compartido encuentros para fotografiar y encuentros para charlar, y tras una buena temporada de compartir voy encontrado el equilibrio entre la actividad fotográfica y la actividad social.

Y es que en el mundo de la fotografía, al igual que en muchos otros mundos, hay distintas ramas y distintas formas de disfrutar de la afición, y la fotografía como actividad social no me resulta satisfactoria en cualquier circunstancia. Hay ramas fotográficas que no me atraen especialmente (deportes, conciertos, moda…), y hay otras que sólo disfruto cuando la actividad social es muy contenida (naturaleza, nocturnas,…); en las grandes celebraciones populares ya empiezo a acostumbrarme a que otros fotógrafos (conocidos o desconocidos) se crucen entre mi objetivo y el sujeto al que estaba intentando encuadrar.

Así que paulatinamente he ido rechazando encuentros fotográficos donde el número de personas a concurrir iba a ser demasiado elevado para permitirme disfrutar de la toma, y relegando la actividad social a encuentros alrededor de la mesa (o a los foros en el caso de encuentros virtuales), incluso cuando la convocatoria parecía indicar que el objetivo era la práctica de la fotografía. Seguimos compartiendo fotografía, a través de la web y los distintos espacios habilitados para ello, en las conversaciones… pero no ya la práctica de la fotografía más que en contadas ocasiones y en grupos reducidos.

Cuando empecé la actividad social en la fotografía, con personas que compartían la misma afición, pensé que habría interesantes debates sobre las técnicas de toma de imagen y sobre los resultados obtenidos, sobre proyectos fotográficos, sobre lugares que visitar… pero en la práctica ese intercambio es escaso, son pocas las personas que me ayudan a ver mis errores y menos las que están interesadas en una sesuda charla sobre composición, factores emocionales en la fotografía, o técnicas para la toma de fotografías en determinadas condiciones. No les culpo, puedo ser excesivamente curiosa y muy exigente. Sin embargo, disfruto enormemente de la charla con aquellas personas que sí están interesadas en lo mismo que yo.

Y a base de oír reiteradamente debates sobre marcas, objetivos, enfados porque alguien ha utilizado una imagen (publicada en la web) sin consentimiento, … he llegado al convencimiento de que en la afición de la fotografía se peca de lo mismo que en cualquier otra, y es de excesiva endogamia y poca relación con el mundo exterior.

Para mi la fotografía es una actividad que me permite transmitir una visión propia de un instante (de varios segundos si se quiere, pero instante al fin y al cabo), vivido desde la más absoluta concentración sobre el mismo (el tiempo de observarlo, decidir cómo plasmarlo, encuadrar, ajustar los parámetros…) y cuyo resultado es el archivo generado en ese momento, quizás con un ajuste de contraste o de luminosidad. Pero la fotografía también es, para mi, un diálogo que se establece entre las escenas que se encuentran frente a mi y yo misma que luego traslado al diálogo que se establece entre la imagen que yo creo y el observador. Y este observador, generalmente, no comparte la afición fotográfica ni se interesa por saber si la cámara con que se tomó era de una marca u otra, sino que reacciona a los estímulos del lenguaje visual. Es esta reacción, la del observador de la imagen que he creado, la que me interesa por encima de otras cuestiones, porque para mi este diálogo es el más interesante del acto de compartir la afición fotográfica.

No hay que malinterpretar tampoco mi interés por la reacción del observador. No me interesa especialmente que le guste o le disguste la imagen. Me interesa ver su reacción, sea cual sea, porque esa interacción es para mi un nuevo diálogo que me permite también aprender y aplicar nuevos conocimientos para la próxima fotografía, fotografía que espero pueda seguir tomando en compañía de la gente que me gusta.

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