Las canas ya no se respetan, se tiñen

Hace ya algún tiempo que empecé a lucir alguna que otra cana, la sensación me gustaba. Unas pocas, bien dispersas, a nadie le sorprendió. Con el tiempo (ya algún que otro disgustillo), las canas ya no estaban tan dispersas pero yo seguía encontrándome tan cómoda con ellas. Entonces empezaron las recomendaciones bien intencionadas de las “amigas” y, me consta, también alguna que otra crítica. Debo confesar que no me interesaban ni las recomendaciones ni molestaban las críticas; seguía tan a gusto con mis canas.

Uno de los argumentos que oía más frecuentemente a favor de teñir mis canas era precisamente el de la importancia de la imagen. Eso me parece una contradicción,  ¡precisamente por imagen no debería teñírmelas!

No me han interesado nunca los ambientes donde lo que cuenta es el aspecto exterior, lo que tienes o cuántos famosos conoces, sino más bien los ambientes donde se mira el ser interior, lo que realmente eres, lo que te interesa. Si mi imagen debe ser acorde a mi ser, entonces debe transmitir que para mi lo importante no es pasarme horas y horas en afeites y remedios para intentar parecer una jovencita monísima (que tampoco iba a ser el caso), sería mejor dedicarle ese tiempo a acercarme más a la imagen que me transmite sabiduría, reflexión, experiencia… y esa imagen, señores/as, ¡tiene canas!

"Vista al pasado" por Guillermo LópezEs más, como realmente me gustaría poder llegar algún día a ser una persona sabia (en el sentido de la sabiduría que proporciona la experiencia) y como las canas salen solas, en lugar de dedicar el tiempo a charlar de los trascendentes temas de actualidad en el salón de belleza, puedo dedicarlo a charlar de lo cotidiano con personas que hayan tenido otras vivencias distintas a las mías e intentar aprender de sus puntos de vista. Además, con el dinero que no tengo que gastar, podemos tener esa conversación sentados a la mesa deleitándonos de la sabiduría culinaria de cada cual, que eso también enriquece (y ayuda mucho a tener buen aspecto), o puedo tener menos exigencias en mis necesidades económicas, lo que me permite ser un poco más libre.

Estamos en una época en la que se exacerba (en su acepción de intensificar, extremar y exagerar) el valor de la juventud, relegando a las personas que pueden transmitirnos verdadero conocimiento y experiencia a la sombra, y eso nos empobrece.

Los departamentos de marketing y estrategias comerciales eligen a los jóvenes (y pre-jóvenes) como público objetivo porque no van a salir de casa de papá y mamá sin tener acabado el doctorado, montado el piso y el coche en la puerta (vale, exagero un poco, pero es para compensar las políticas de protección de las administraciones y el proteccionismo de muchos padres/madres).

Los jóvenes son un público fácil, muchos disponen de dinero (hay adultos sin políticas proteccionistas que se darían con un canto en los dientes por cobrar ni que fuera 700 €), siguen en casa de los padres (mientras el adulto del que hablaba en el paréntesis anterior paga su piso y la manutención del niño que complementa el sueldo de su ex, a la vez que intenta contribuir a la manutención de los niños que venían de regalo con su nueva pareja), y tiene necesidades. ¿Cómo se va a ir de casa de sus padres si con lo que gana apenas le alcanza para salir todos los fines de semana y las vacaciones a un lugar exótico?

Vale, todos hemos sido jóvenes, y si nuestros padres son tan tontos que se tragan eso mientras llevamos una vida en casa en la que no tenemos problema para traer al ligue de turno (sea del sexo que sea), ni para llegar cuando nos apetece… ¿para qué irnos?

Pero volviendo a las canas, una cosa es que los jóvenes sean interesantes para los productores porque gastan, compran y no sopesan tanto la decisión de compra como quien tiene a su cargo una familia, y otra muy distinta es que los jóvenes sean interesantes de per se.

Algún personaje interesante que ya apunta maneras a edades tempranas siempre hay (y esperemos que así siga siendo), pero lamentablemente está en franca minoría. Independientemente de las maneras que apunte, de todos modos, carece generalmente de experiencia en muchos aspectos, y suele andar falto de reflexión sobre las experiencias vividas.

No lo toméis como ataque, me suele gustar pasar tiempo con los jóvenes que apuntáis maneras que tengo la fortuna de conocer, porque que sé que además de las conversaciones interesantes que tenemos ahora, en el futuro seréis personas aún más interesantes… que, espero, sabréis lucir con orgullo las canas.

"Mirando la vida pasar" de Guillermo LópezLamentablemente muchos son aún los que se dejan deslumbrar por la promesa externa del envoltorio juvenil y dedican grandes esfuerzos a lo largo de su vida en intentar mantener ese aspecto externo, a estar al día en lo que es moderno y se lleva, a tener aquel aparato que tanto llama la atención, a… Llegan a lucir canas a desgana, llenos de quejas y rabia, insatisfechos con la promesa de la sabiduría en la vejez. Pero es que para poder alcanzar la sabiduría no basta con pasar por la vida, hay que empaparse de ella, de la nuestra y de las de los demás, e ir construyendo nuestra propia lectura de quienes somos y hacia dónde queremos ir. Yo sigo intentándolo.

Nota: esta reflexión ha sido siempre mi sentir y, aunque en el último año muchos/as habéis insistido en lo guapa y bien que estaba con el pelo teñido. Os confesaré que fue fruto de una inconsciencia (consciente) a caballo entre la broma, la apuesta y el reto, pero en todo caso, un juego. Durante una temporada mis canas van a volver a salir a la luz, al menos hasta que sienta de nuevo las ganas de jugar una temporada con otro aspecto, y siempre con la confianza de que mi pelo crece con mucha más rapidez de la que yo quisiera (recuperar mis canas es cuestión de apenas un par de meses sin teñirlas).

Nota 2: La frase que da título a esta reflexión no es original mía, la leí hace ya algún tiempo y, en todos los lugares donde la encuentro, parece atribuirse al gran personaje Anónimo (nunca se menciona su apellido). Él es, sin duda, uno de los héroes de la cultura, que encima no cobra derechos, ¡y mira que ha producido obra suficiente como para permitirse ahora tener un aspecto juvenil, lucir galas, joyas y cochazos, y codearse con los famosos!. Sin duda Anónimo también está muy orgulloso con sus canas.

Nota 3 (no hay 2 sin 3): si no lo hicisteis en su día, no dejéis de deleitaros con este relato en clave de humor de Luz Sánchez-Mellado publicado en El País el pasado 18 de agosto:  Moderna por contrato

Guillermo, gracias por prestarme tus imágenes para ilustrar mi reflexión

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4 respuestas a Las canas ya no se respetan, se tiñen

  1. David Rogonza (elnomo) dijo:

    A otra pelirroja teñida que conocemos, le dije sobre su color de pelo:
    – Te pega, pero no te queda bien.

    En tú caso creo que es al revés, te queda bien, pero no te pega.
    Para que disfrazarse de lo que no somos.

  2. Lestat le vampire dijo:

    Muy valido, sin embargo al final la decisión es personal de teñirlas o no, y tambien hay que ser honestos con que hay personas que las pueden lucir y verse bien y a muchas otras solo las hace ver descuidadas, mas que una cuestión estetica es primero de personalidad y cada quien tiene la suya …

  3. Bibi dijo:

    Pero las canosas somos las grandes ausentes de los reportajes de las revistas, nunca hablande nosotras, y todo el mundo te mira con cara de asombro, yo cuando me siento observada, entiendo: “pero como puedes ir con estos pelos”, te imaginas que pelo más sano que tengo que en 50 años no me he teñido nunca? Gracias por acordarte de nosotras.

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