Aventureros sin aventura

Estoy preparando (por fin) una selección de las fotografías que tomé en mi viaje a “La Habana” en diciembre de 2008. Me ha costado casi 2 años ordenar las sensaciones de esa experiencia (las fotografías eran mucho más fáciles de ordenar y seleccionar) para poder tener un guión claro que me permitiera mostrar a mis compañeros/as mi propia visión de esa ciudad.

Soy poco dada a los viajes, no porque no me guste conocer sitios nuevos (que me encanta) sino porque descubrí que para disfrutar ese viaje y enriquecerme con la experiencia no tengo suficiente con una colección de sitios en los que he estado, sino que necesito relatos de lugares donde he vivido (en mayor o menor grado).

Durante el verano de 1983 tuvimos un regalo, un crucero por las islas griegas y un circuito por el Peloponeso. Nos embarcamos, fuimos de un lugar a otro según los horarios e itinerarios marcados, pasamos del ferry al autocar, subimos y bajamos en los lugares marcados… al cabo de dos semanas regresamos a casa agotados con una extraña sensación de haber estado en lugares especiales a los que no habíamos podido captar toda la esencia porque no les dábamos el tiempo suficiente. Única experiencia de viaje organizado por lo tanto no puedo hablar con conocimiento de causa sobre otros similares, pero sé que de cualquier modo no son el tipo de viaje que a mi me proporcione placer, emoción, conocimiento o cualquier otra cosa que me impulse a realizarlo.

Desde entonces sólo viajo cuando sé que voy a poder vivir el lugar al que me dirijo. Ha sido mi decisión personal (y como tal válida para mi pero cuestionable para ti). En algunas ocasiones ha sido un vivir corto, de apenas unos días (aprovechar un viaje de trabajo y combinarlo con visitas a la familia o los amigos), pero en cualquier caso ha sido un viaje donde el ritmo no lo imponían los lugares que había que marcar en la lista sino el ritmo propio del lugar, de sus habitantes, de sus actividades.

Y es que para mi la aventura de viajar es la aventura de conocer el sentir del lugar, de intentar vivir (por unos días al menos) el sentir de las personas con las que tengo la fortuna de compartir momentos. Con esa premisa se me va a hacer difícil viajar a la India o a Etiopía, ya que el idioma supone una barrera importante.

Creo que, al igual que no salí de España hasta tener un amplio conocimiento de ella (me faltan las Canarias), no viajaré a otros países más que aquellos en los que pueda desenvolverme con los pocos idiomas que conozco y me permiten desenvolverme. No es un límite excesivo, gracias a la amplia presencia del español como lengua y mis conocimientos de inglés y francés puedo garantizarme el continente americano por completo además de varios países de Europa (voy viviéndolos, despacito y saboreándolos) y las dos islas que me tienen cautivada desde mi infancia: Australia y Nueva Zelanda. Cuando llegue el momento sé que saldré a sentirlos igual que cuando llegó el momento se me puso delante la oportunidad de visitar Cuba aún no habiendo estado nunca en la lista de lugares que quería visitar.

Arte y Moda

Como habréis visto en la imagen, mi visión de La Habana no se limita a fotografías de mulatas/os vestidos con harapos y editando la imagen para exagerar la sensación de miseria y abandono. Creo que transmitir sólo la imagen estereotipada que tenemos de ese rincón del Caribe de miseria y playas paradisíacas en nada me ayuda a conocer a las personas que allí habitan, en nada me ayuda a entender sus problemas, ni siquiera a mi me hace sentirme segura al regresar a este absurdo primer mundo[1] y sentirme mejor.

En La Habana conocí a personas maravillosas, a pícaros callejeros alerta para intentar embaucar a cualquier turista desprevenido, a trabajadores incansables y soñadores (de acuerdo, en general el porcentaje mayor era de mujeres, debería cambiar el género), a jóvenes descontentos con una visión muy sesgada de lo que significa vivir en este primer mundo, a exiliados de la guerra española, a… bueno, parte de eso es lo que os estoy preparando para mostraros de forma ordenada.

Hoy simplemente quería volver a reconocer a todas esas maravillosas personas que siguen allí trabajando, como Katerina, una excepcional diseñadora que me regaló la maravilla de compartir con ella y su familia momentos muy entrañables. Ella, junto al resto de personas con las que compartí esa estancia en la isla hicieron que regresara a casa con la sensación de haber vivido una verdadera aventura sin necesidad de vernos mezclados en situaciones comprometidas o delicadas… bueno, exceptuando esas partidas de twister del día de mi cumpleaños y de las cuales espero no se difundan las imágenes 😉

[1] De un cartel publicitario que intenta demostrar al pueblo cubano lo absurdo que es el primer mundo que utiliza alimentos para transformarlos en combustible para los coches cuando tan necesario es allí. Podéis verlo en ese el blog opinión cubana.

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3 respuestas a Aventureros sin aventura

  1. Esther dijo:

    Coger una mochila y empezar una aventura en cualquier sitio es algo que me hubiera gustado hacer. Las circunstancias de la vida, o mi comodidad, o mi cobardía… no me lo permitieron.
    Hoy, aprovecho cualquier ocasión, siempre que puedo, para viajar aunque sea en viaje organizado.
    Si me toca la lotería, nos vamos a dar la vuelta al mundo pero… con mochila ¿vale?

  2. Pingback: No me mires así | inconsciencia consciente

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