2 + 2 = 5

El título de esta reflexión me acompaña frecuentemente en forma de estampado en una camiseta que adquirí hace algún tiempo en una de mis tiendas virtuales favoritas (los verdaderamente frikis deberíais echarle un vistazo si no la conocéis).

Camiseta 2+2=5 en Think GeekSoy persona clara y directa, de las de 2 + 2 = 4, y quizás por eso a veces es chocante verme lucir con tanto convencimiento una expresión matemática como esa. Más allá del guiño informático (for extremely large values of 5 se refiere a un error de cálculo de algunos procesadores), la expresión 2 + 2 = 5 a mi me recuerda constantemente el valor de la colaboración, del trabajo en grupo, del desarrollo de proyectos en grupo.

He tenido la oportunidad de participar en varios proyectos bajo la etiqueta de proyecto colectivo junto con otras personas. Algunos son altamente gratificantes y en otros no logro encontrar esa sensación de proyecto colectivo que se anunciaba en el planteamiento inicial. La duda de porqué unos son de una manera y otros de otra es una de esas dudas que han estado nadando entre las aguas de mi parte racional y las de mi parte emocional, sin lograr, hasta ahora, una forma de expresarla con coherencia.

Al empezar a trabajar en el proyecto fotográfico inconsciencia consciente he empezado a vislumbrar algunas de las claves que, para mi, establecen las diferencias. Pero no os quiero hablar sobre eso (no quiero hacer una tesis sobre los distintos modos de colaboración), sino de lo que representa para mi un proyecto colectivo, lo que busco cuando participo en un proyecto colectivo y lo que puede dejarme con cierta sensación de que algunos proyectos se realizan con la concurrencia de varias personas pero no son un proyecto colectivo.

Entiendo por proyecto colectivo aquel en el que la semilla del proyecto parte de un grupo de personas y no de un individuo en concreto, entendiendo por semilla del proyecto el  trabajo consciente de las fases iniciales del proyecto, cuando se cuestiona qué se quiere materializar con el proyecto, bajo qué punto de vista y con qué finalidad.

Participar (en colectividad) en el proyecto de un individuo concreto puede ser una experiencia de lo más gratificante, aunque el trabajo consciente y la finalidad del proyecto tengan una clara pauta marcada por el precursor del proyecto (tal es el caso del proyecto SOS Paisajes de Mar, un proyecto de un individuo concreto en la que varias personas intentamos aportar cada uno nuestro grano de arena para su realización). En este sentido no me gustaría que mi reflexión pareciera menospreciar los proyectos que no son colectivos en su concepción, simplemente hoy siento que quiero hablar de los que son colectivos tanto en su concepción como en su realización.

Entiendo que en un proyecto colectivo hay un sentir colectivo del grupo que, a base de hablarse, comentarse, compartirse… va tomando una forma consensuada entre todos los integrantes del colectivo que hace que decidan poner acción para su realización y materialización. El origen del proyecto colectivo requiere, en este sentido, un cierto grado de negociación entre los integrantes del grupo, discutir matices, aclarar puntos de vista y consensuar las bases en las que se asentará el proyecto, no como fruto de la casualidad afortunada sino como fruto de un trabajo consciente.

Un proyecto colectivo abierto permitirá además la incorporación de nuevas personas al colectivo. Estas personas comparten el sentir expresado en las bases del proyecto, y tendrán la posibilidad de participar en los sucesivos debates y negociaciones que vayan encauzando el proyecto en su evolución. Tal sería el caso de los proyectos de desarrollo de programas informáticos de código libre, donde los participantes aportan trabajo de programación para la mejora y evolución del programa pero además se facilita las fuentes del programa para que quien quiera aportar mejoras pueda hacerlo. El proyecto es abierto y el colectivo también.

En algunas ocasiones he asistido a la concepción de un proyecto bajo la etiqueta de proyecto colectivo que, sin embargo, no ha resultado ser un proyecto en el que los integrantes del colectivo negociaran, aclararan matices y establecieran unas bases sólidas.

Algunos quedaron como una colección de trabajos individuales presentados colectivamente, sin una finalidad sólida ni clara. En la mayoría de los casos que encontré esta situación se intentaba evitar que surgiera conflicto entre los integrantes del grupo, expresar una convicción con firmeza (quizás para evitar que se sintiera como una imposición), o simplemente evitar que el debate se prolongara en el tiempo sin lograr materializar un proyecto para el que, sin embargo, sí se planteaba una fecha concreta. En estos casos me queda una triste sensación de no haber profundizado en el trabajo colectivo, de no haber aprendido apenas del intercambio (puesto que casi no lo hubo).

Otros resultaron ser trabajos individuales presentados bajo la máscara de la colectividad en un intento de lograr la concurrencia de participantes que, al descubrir que no pueden participar sino solo trabajar en la linea marcada, se sienten desilusionados y acaban por abandonar el proyecto.

Cuando participo en un proyecto colectivo espero que sea un proyecto en el que todas las fases sean compartidas, un intercambio que enriquece a todos. Cuando participo en un proyecto individual que requiere de la ayuda de otros, acepto la base del proyecto establecida por su precursor y me enriquezco con el trabajo de todos y con la experiencia del proyecto. En cualquier caso espero enriquecerme gracias a ese intercambio que se establece entre todos los integrantes del colectivo. Por eso, cuando no hay intercambio, cuando no hay debates, cuando no hay opinión, me siento defraudada y estafada por haberse utilizado una etiqueta equivocada.

Hay un proyecto colectivo que compartimos todos nosotros (leáis o no esta reflexión), y al que los precursores decidieron llamar sociedad, y, de forma consensuada se decidió dar una forma concreta denominada democracia. Pero tengo la sensación que muchos nos sentimos defraudados ya con esa falsa etiqueta de colectivo, ya que ha pasado a ser un proyecto que, los que nombramos representantes o gestores, se han apropiado y complicado de tal modo, que ya no nos dejan participar. Como leía hace algunos días:

“sostener que votar cada cuatro años es democracia es como decir que follar cada cuatro años es tener vida sexual”
Artículo ¿Es democracia? en el blog Arkham Gazette

Lo peor es que a base de los desacuerdos colectivos hemos llegado a la conclusión de que no se trata de un único proyecto colectivo (nuestra sociedad, la de todos) sino a varios proyectos colectivos distintos (los ideológicos, los de cada partido; o peor aún, los individuales de cada político) en los que solo podemos participar emitiendo un es el que menos me disgusta una vez cada cuatro años. Y de ahí a la apatía colectiva el camino no es tan largo. Algunos seguimos incansables intentando participar en ese proyecto colectivo, aunque a veces nos duela el silencio de todos los que nos observáis pensando que es bonito tener algunos ilusos como nosotros pero que en el fondo os habéis resignado a abandonar el proyecto.

Aclaración final: el proyecto fotográfico inconsciencia consciente no es un proyecto colectivo, es un proyecto personal en el que espero que participen algunas de las maravillosas personas con las que tengo la suerte de compartir instantes de mi vida.

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5 respuestas a 2 + 2 = 5

  1. Juanjo dijo:

    Es increíble que después del tiempo que te conozco y creer ser conocedor de tus amplios conocimientos, saber estar y otras muchas cualidades que tienes, no dejas de sorprenderme.
    Con esta apreciación, posicionamiento y reflexión sobre un tema que nadie, o muy pocos, se han planteado, das en la línea de flotación de lo que muchas asociaciones, organismos, entidades o plataformas defienden, reivindican y nunca cumplen.
    Mi modesta ayuda y colaboración ya sabes que la tienes si la necesitas.
    Un abrazo

  2. David Rogonza dijo:

    Ni vivimos en democracia, ni utilizamos de manera adecuada el idioma.
    Tenemos una tendencia muy rara a desvirtuar el significado de las palabras y así nos va.
    Este rincón promete.

  3. La mayoría de veces es una cuestión de lenguaje, de hablar el mismo lenguaje, pero eso no garantiza la felicidad de todos en los acuerdos sociales. De todas maneras cabría preguntarse si ese felicidad total sería posible, y en el caso de ser posible, si sería buena.

    Frase 1: La opinión general es siempre la peor tiranía. (Alfa – E.Bunbury)
    Frase 2: Hay 10 tipos de personas, los que saben código binario y los que no.

    pd. Esa camista me encanta!

  4. Esther dijo:

    Este artículo me ha hecho reflexionar mucho. Tu ya sabes por qué.

  5. David, no busco la felicidad universal (puesto que no creo en ella, creo en la felicidad por contraste y esfuerzo en lograrla), pero sí creo los acuerdos sociales deberían volver a ser más sociales y menos “acuerdo” (no sé si me entiendes).

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